La oscura red de violencia y cosificación sexual en la comarca

Un grupo de Telegram con más de 80 hombres comercializaba fotos íntimas de mujeres de la comarca, algunas de ellas menores de edad. La denuncia expuso un entramado de violencia y cosificación sexual que trasciende lo digital.

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La denominación “putita” opera como un dispositivo de poder. Nombrarlas de esa forma les permite violarlas, exponerlas y comerciar con sus cuerpos sin culpa ni consentimiento.

Micaela Cabrera es una de las 200 mujeres de la comarca que aparecían en un grupo de Telegram donde se intercambiaban fotos y videos íntimos sin consentimiento. Afirma que el delito trasciende lo digital y revela un entramado de violencia, extorsión y complicidad social.

El Día de la Madre recibió un mensaje que le advertía que su nombre figuraba en un listado de mujeres en una cuenta de Telegram. Ese grupo, llamado “Putitas Viedma y Patagones”, estaba integrado por unos 80 hombres que comercializaban imágenes íntimas de más de 200 mujeres de la comarca, algunas de ellas menores de edad al momento en que fueron obtenidas las fotos.

La palabra “putitas” funciona como un modo de despojar a las mujeres de su intimidad, de convertirlas en objetos de intercambio y justificar la violencia sexual como una práctica colectiva normalizada. Llamarlas despectivamente es el primer paso para deshumanizarlas. En ese espacio virtual, la cosificación es la regla.

“Por suerte, como soy referente, tenía conciencia de las herramientas que podía usar. Algunas chicas no sabían cómo denunciar. Nos asesoramos legalmente, presentamos la denuncia en fiscalía y seguimos el proceso judicial”, explicó Cabrera, quien forma parte de la CODEMU (Colectiva de Mujeres) y acompaña a otras víctimas.

El caso expuso un fragmento de la red de violencia y cosificación sexual a través de un grupo administrado por Rodrigo Nicolás Mora, un hombre que, según denunciaron las propias víctimas, recibía dinero por transferencias a cambio de fotografías de mujeres locales. “Era un paseador de perros, pero usaba su CBU para vender imágenes. Así pudieron identificarlo algunas de las chicas”, señaló en diálogo con VDM Noticias.

En los grupos de Telegram, los usuarios se mantienen en el anonimato, lo que dificulta identificar y sancionar a quienes participan. “Hay una red masculina que intercambia fotos, que consume pornografía local y que actúa con total impunidad. Algunos comparten fotos que les mandaron sus ex parejas, otros hackean teléfonos o chantajean para obtener más contenido”, advirtió Cabrera.

Según relató, ella misma fue víctima de una tentativa de extorsión. “Me escribieron desde otra cuenta, me mostraron fotos de mi hermana y me pedían contenido a cambio. Lo bloqueé enseguida, pero después descubrimos que formaba parte del mismo entramado”.